Panorama de la poesía española del siglo XX
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Machado nació en Sevilla en 1875. Su obra incluye los libros Soledades, Galerías, Otros poemas, Campos de Castilla, Nuevas canciones y De un cancionero apócrifo. Campos de Soria pertenece a Campos de Castilla. Este libro se caracteriza por la descripción del paisaje castellano y por las reflexiones morales y filosóficas, con un amplio espacio dedicado a elogiar personalidades afines a su forma de pensar. En concreto, Campos de Soria es un conjunto de nueve poemas dedicados expresamente a la tierra donde nació el poeta.
Juan Ramón Jiménez: junto a Rubén Darío, es el máximo renovador de la poesía en el siglo XX. Dedicó toda su vida a escribir y corregir su obra. Cultivó el modernismo, la poesía pura y la poesía esencial. Inventó el verso libre. Obtuvo el premio Nobel en 1956. Los dos poemas seleccionados pertenecen a su última época, la de la poesía intelectiva o esencial → poesía caracterizada por la búsqueda de la perfección y la pureza. El poema está dedicado a un álamo blanco y J. R. Jiménez canta a la perfección del mundo. Básicamente, el poeta pretende reflejar la armonía melódica del pájaro y del agua. Esta armonía se evidencia cuando el poeta confunde las nociones de arriba y abajo. Finalmente, hay que añadir que el universo es creado por el alma del poeta. El nombre conseguido de los nombres: en esta poesía J. R. J. evidencia su obsesión por conseguir una poesía pura. Este poema explica cómo el poeta tiene necesidad de un dios; para él, este dios es la palabra llena de poder y de esperanza. Como para cualquier persona creyente, religiosa, Dios es el creador del hombre; el poeta crea las palabras.
Pedro Salinas (1891-1950) es, junto a Vicente Aleixandre, el mejor poeta de amor del siglo XX. En su obra se distinguen tres etapas: una primera, caracterizada por la combinación de la poesía pura y los vanguardismos; en esta etapa exalta el deporte y los hallazgos de la técnica, de ahí que pueda 'feminizar' a una bombilla eléctrica, a su máquina de escribir o a la calefacción central. La segunda etapa es donde Salinas da lo mejor de su ser; la constituyen tres libros: La voz a ti debida, Razón de amor y Lamentos. Esta etapa está caracterizada porque son libros de amor. En la tercera etapa canta al mar y denuncia los estragos de la bomba atómica. Poema: en el primer verso, el poeta ya nos define de qué va a tratar el poema; por una parte define el alma como sencilla y transparente, pero paradójicamente la define como algo inaccesible. El poeta busca una puerta de entrada que no existe. Básicamente nos quiere transmitir que lo transparente está abierto, no está encerrado en límites. Este poema pretende explicar que la sencillez y la transparencia del alma de lo amado la vuelven paradójicamente inaccesible.
Jorge Guillén (1893-1984) es el mejor representante de la poesía pura, corriente iniciada por J. R. J. Cántico recoge su primera época poética, la más valiosa. El poeta, en contra de lo habitual, considera que el mundo está bien hecho, por lo que su poesía es un canto, un himno de acción de gracias. El poema «Más allá» es una buena síntesis de la visión optimista del mundo que tiene Guillén. El poeta mira la realidad y la organiza nuevamente. Describe un mundo sensible: sensaciones visuales, táctiles… Lo abstracto se hace concreto.
Lorca: es el poeta más universal. Su asesinato en 1936 a manos de los fascistas contribuyó a fomentar su leyenda de morir por la libertad y le facilitó el reconocimiento universal. Su poesía obedece a dos tendencias estilísticas muy diferentes: una es el «Romancero gitano» y la otra es la surrealista de «Poeta en Nueva York». El Romancero gitano vivifica con sabia imaginación la vieja estrofa del romancero medieval. El protagonista del libro es el gitano, quien, al vivir al margen del orden social, ejemplifica la tragedia, el desvalimiento y, en conjunto, como ejemplo del romancero gitano encontramos «Romance de la luna, luna». En este poema vemos un diálogo entre un niño y la luna; este diálogo es fantasmal. La luna simboliza la muerte. La luna le hace como un cortejo antes de que muera y le festeja antes de que cierre los ojos. Esta muerte no es entendida por los otros gitanos y encontramos el duelo que le hacen al niño. En alguna parte aparece el niño otra vez en el más allá. Primero la muerte, el duelo y finalmente la vida en el más allá.
Dámaso Alonso: en el poema «Insomnio», Alonso presenta un mundo lleno de cadáveres, pero estos cadáveres son hombres que viven solo en apariencia, pero que en realidad están muertos a la ilusión y a la esperanza. Este diagnóstico existencial le viene dado por la experiencia atroz de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial. En esta poesía el poeta clama contra Dios por permitir o querer tanto crimen.
Vicente Aleixandre: tuvo una enfermedad que le obligó a guardar reposo durante un tiempo, lo cual cambió su destino haciéndole poeta. Su trayectoria poética, que fue premiada con el Nobel de Literatura en 1977, pasa por tres fases distintas: el surrealismo, el realismo y una de tipo filosófico. El poema «Se querían» pertenece al libro La destrucción o el amor, de la etapa surrealista. Los amantes se aman en las noches con la atracción dolorosa que siente la flor por su espina y con la dureza de las piedras y de los huesos. Por la mañana desafían las leyes de la gravitación y flotan sobre el mar y el cielo. Y al final del poema domina la creación entera, en una larga enumeración caótica.
Rafael Alberti: su primera vocación fue la pintura, pero una enfermedad pulmonar y su obligado reposo le orientaron hacia la poesía. Su obra poética evolucionó desde el neopopularismo de su primer libro, Marinero en tierra, hasta el surrealismo. El poema escogido de Alberti, «Si mi voz muriera en tierra», pertenece al surrealismo, y Alberti expresa la nostalgia que tiene del mar cuando vive en Madrid. Son unos versos muy sencillos, llenos de musicalidad. Pertenece al libro Marinero en tierra. Encontramos una figura retórica en la cual hay una repetición de los primeros versos: se llama anáfora. En este caso se repite el verso «y sobre…».
Luis Cernuda: toda su obra poética se agrupa bajo el título La realidad y el deseo. La evolución de Cernuda es amplia y constante: comienza por la poesía pura, sigue con el surrealismo y desemboca en una poesía comprometida con la sociedad y la historia. En el poema «Donde habite el olvido», el lenguaje que usa es directo y el tono confidencial. Utiliza símbolos como los vastos jardines sin aurora, que equivalen a la muerte. Encontramos una paradoja que dice que el amor es un ángel terrible, con la que nos explica que si el amor no es correspondido es un amor malo, doloroso, que nos atormenta. Quiere explicarnos lo difícil que es querer y no ser correspondido.
Miguel Hernández: su poesía evoluciona desde un gongorismo experimental hasta la desgarradora experiencia de la guerra, de la que sería víctima inocente; y, en el centro de otras actitudes, la plenitud única y apasionada de El rayo que no cesa. El poema «Elegía a Ramón Sijé» pertenece a esta obra; es una elegía (poema escrito en memoria de alguien que ha muerto) que Miguel Hernández dedica a su gran amigo R. Sijé. El poema está lleno de metáforas, hipérboles y símbolos. En esta poesía vemos cómo el poeta se niega a considerar definitiva la ausencia de su amigo.
Gabriel Celaya: es el prototipo de la poesía social de los años 50. Celaya concibe la palabra poética como una herramienta de trabajo que pretende abrir la conciencia del lector. Este poema expresa que la poesía es un arma cargada de futuro. Pretende combatir con la palabra las injusticias de la dictadura.
Blas de Otero: poema «En el principio». Es una breve síntesis del poder compensador de la palabra frente a todas las limitaciones de la vida. El estribillo «me queda la palabra» va ganando intensidad expresiva a medida que vemos la sed insatisfecha, el tiempo malgastado e incluso el desgarrarse de los labios para pronunciar el verdadero nombre de su patria. La censura franquista prohibió este poema.
Ángel González: su poesía se caracteriza por un realismo social que, aunque no descuida los aspectos formales del verso, los disfraza de espontaneidad; predomina así un lenguaje directo y coloquial. Su pensamiento poético podría resumirse con el título de uno de sus libros: Sin esperanza, con convencimiento. El poema «Para que yo me llame Ángel González» traza un itinerario centenario de cuerpos y más cuerpos sucediéndose. Pero esta peregrinación por otros seres no la entiende el poeta como progreso perfeccionador de su ser, sino que se siente como un resto inútil. El hecho de que rescate el nombre propio es el aspecto de naturalidad y de autenticidad.
José María Valverde: en el poema «En el principio» nos presenta la palabra como un ser vivo, o mejor dicho, como lo que de verdad constituye el ser del poeta. Así pues, la palabra no es un juguete, sino un instrumento del que nos valemos para comunicarnos. La palabra es un territorio que hay que habitar y un retrato que hay que construir.
José Ángel Valente: el poeta, en este poema, ejemplifica su actitud frente a la palabra poética. No pretende acariciar los oídos del lector, sino crear en él inquietud, rebeldía y conciencia.
Jaime Gil de Biedma: pertenece al grupo de los años 50 y, por tanto, al realismo social. Su estilo es sencillo y su lenguaje coloquial. De posición acomodada, denuncia la falsedad y la hipocresía de la burguesía a la cual pertenece. Gil de Biedma habla de su experiencia infantil en su poema. Intentó formular mi experiencia de la guerra.
María Victoria Atencia: nació con una extensa e intensa producción poética. En su obra triunfa con fuerza una voz de mujer, que es la síntesis de la mujer doméstica tradicional y de la mujer contemplativa y creadora. Estas dos formas de ver la vida están simbolizadas en Marta y María, las dos hermanas que acogieron a Jesús. El poema «Placeta de San Marcos» pertenece al libro El coleccionista.