La Filosofía Política de San Agustín y las Dos Ciudades
Política en San Agustín: La Historia de Salvación
La historia humana es la historia de la redención de los hombres por Dios; es una historia de salvación. Es decir, la historia es el escenario donde Dios se manifiesta al hombre, Dios se hace hombre en un momento determinado de la historia y es donde tiene lugar el drama de la salvación.
El nacimiento de Cristo marca los tres tiempos históricos:
- El pasado: antes de Cristo.
- El presente: en Cristo.
- El futuro: después de Cristo y hasta el final de los tiempos.
La historia, y por tanto el tiempo, vienen a ser como una línea que progresa desde la Creación a la llegada del Reino de Dios. La concepción griega del tiempo no incluía el concepto de creación, de modo que el tiempo se concebía como un círculo, puesto que el mundo era eterno y no tenía principio ni fin. Frente a esta concepción, San Agustín introduce en la filosofía el concepto lineal del tiempo y de la historia propios del cristianismo.
La Lucha entre las Dos Ciudades
Desde el principio de la historia hay un enfrentamiento constante de dos impulsos antagónicos que luchan entre sí: el impulso o fuerza del bien y la fuerza del mal. Estas dos fuerzas dividen a los hombres en dos grupos. Simbólicamente damos a estos dos grupos el nombre de «ciudades»: la Ciudad de Dios y la Ciudad terrenal.
- La ciudad terrena: Es el imperio de las tinieblas, del instinto, del odio y del error. Está constituida por aquellos que se encierran en sí mismos, autoerigiéndose en valores absolutos, buscando el bien en sí mismos. Esta ciudad está predestinada a sufrir el suplicio eterno con el diablo.
- La ciudad de Dios o ciudad celeste: Es la ciudad en la que brilla la luz, la verdad, el orden y el amor. Está constituida por aquellos que «aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos», aquellos que eligen a Dios abandonándose a Él. Se valen de las cosas de este mundo, tomándolas como medios para llegar a Dios.
San Agustín afirma que cada uno de nosotros pertenece a una de las ciudades, en función de si ama a Dios o si se ama a sí mismo.
Iglesia, Estado y Agustinismo Político
Esta división no se corresponde exactamente con la división entre la Iglesia cristiana y el Estado. Tampoco debe identificarse la ciudad terrenal con el Estado. Sólo en un Estado cristiano puede haber verdadera justicia. La Iglesia, que encarna los principios cristianos, debe transmitirlos al Estado y, por tanto, es superior a él. San Agustín defiende, frente al donatismo, la intervención de la Iglesia en la sociedad civil.
En la Edad Media se interpretaría la teoría agustiniana de las dos ciudades en el sentido de identificar la Iglesia con la Ciudad de Dios y, por tanto, considerar que el poder temporal (el Estado) debe estar subordinado al poder espiritual, es decir, a la Iglesia. Esta doctrina recibirá el nombre de agustinismo político.